miércoles, 19 de junio de 2013

El coleccionista de romances

     ¿Qué puede pasarle al coleccionista de romances cuando mira al suelo y piensa en las flechas que han atravesado, atraviesan y atravesarán su corazón, ese pobre músculo que bombea astillas y se calienta quemando los recuerdos de madera que lo recorren, una diana involuntaria que se desnuda el pecho y se deja penetrar con tal de sentirse viva? -Otra flecha más. -se lamenta. Y es que hace mucho timpo que ninguna da en la manzana. 
El corazón decepcionado se le marchita entre agridulces besos, esperanzas efímeras y un sentimiento de culpabilidad maquillado con sonrisas. 

     Cada proyectil se hace un hueco y es un preciado recuerdo, cada arquero prueba puntería y se ofrece como objetivo; pero el miedo que asalta a todo coleccionista de romances entre disparo y disparo es siempre el mismo. <<¿Cuánto tiempo más aguantará ese órgano ridículo sin desprenderse por el peso de las flechas? ¿Y si llegado el arquero adecuado ya no queda espacio en el blanco, será capaz de atravesar tantos palos para llegar a lo que queda del músculo sentimental?>>. 

     Alza la cabeza, suspira y como siempre, se levanta, se desnuda, apunta y suelta la cuerda que grita de la tensión balbuceando entre dientes -¡Ojalá sea éste!


15/06/2013 Alfredo Gil Pérez

1 comentario:

  1. Darse tiempo y no dejarse disparar hasta quitarse la última astilla.
    No es una carrera.

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