martes, 14 de mayo de 2013

La infeliz infidelidad


     -Ángel, tengo algo que contarte... -pronunciaron sus labios circundados por aquella barba de tres días que le quedaba tan bien.
Si comenzaba con mi nombre de pila no podía ser nada bueno. -Yo... no sé cómo decirte ésto, pero tengo que hacerlo... -Suéltalo ya Carlos, me estás poniendo nervioso. -Te he estado siendo infiel... -mi corazón salió del pecho, cerró con llave y se fue a dar un paseo.

     -¿Te he estado...? ¿Durante cuánto tiempo? -Más de lo que puedo soportar. -y ahí me quedé, quieto, meditabundo... -¡Pero reacciona! ¡Grítame! ¿Es que ya no sientes nada? -las lágrimas se asomaban por sus ojos. -No es eso Carlos... -¿Entonces qué? -Te entiendo -¿Cómo dices? ¿Tú también...? -¡No! Bueno, no contigo... y no es algo de lo que me enorgullezca... Verás, después de haberlo vivido entiendo cómo las inseguridades, el miedo a tantas cosas que no controlamos y creemos perdernos e incluso la soledad de la monotonía nos pueden empujar a ello...

     -¿Entonces me perdonas? -No sé si puedo realmente. Creo que será una sombra que no podré evitar. ¿Cómo podré besarte y acariciarte igual cuando sé que sin saberlo otro también te besaba y acariciaba? ¿Y si cuando te haga el amor no me saco de la cabeza que él también te lo hacía? ¿Fueron varios? ¿Cuántas veces? Déjalo, no quiero saberlo... o sí... no sé... 
Mira, no me hagas caso, creo que será mejor que vuelva ya a casa y nos veamos otro día. -bajó la mirada, fue a abrazarme y se paró. -Lo siento, no te lo merecías. -Estas cosas no se merecen, sólo ocurren sin más. No te preocupes.

     Cogí mi paraguas, abrí la puerta, miré una última vez a Carlos e incluso sentí más pena por él que por mí. La cerré y mi corazón decidió que era el momento de volver a su lugar. 
     Aquella noche no abrí el paraguas en todo el trayecto, a pesar de la lluvia. Me ardía el pecho, notaba que me arañaban el corazón con burla, me sentí presa de una injusticia inocente y seguí mi camino entre sollozos mientras limpiaba mi sensación de suciedad bebiendo lágrimas de nube y lágrimas de sal.

Alfredo Gil Pérez 14/05/2013

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