martes, 21 de mayo de 2013

El tiempo suicida


     Se desgranaron la horas, corrió el tiempo suicida hasta el precipicio y saltó agitando los brazos. Gritó la casualidad y lloró la suerte cuando lo vieron caer, presa de la gravedad del asunto. 
Bajó y bajó, para muchos rápido, para él mismo lento, hasta llegar al fondo de la cuestión y romperse en mil pedazos la duda que lo atenazaba. 

     La curiosidad metió las narices y la ignorancia fingió sabelo todo con un contonéo de cabeza autosuficiente. La pena la miraba en silencio, con más pena que nunca y la esperanza quiso ayudar, como siempre, a todo el que estuviera allí, pero no contaba con encontrarse a la apatía tirada entre unas rocas observando al tiempo muerto.

     Todo un batiburrillo de sentimientos, circunstancias y cosas que aún no tienen nombre levantaron la vista y vieron en la cima a un chico que les miraba sin observarles adornado con una sonrisa vacía. -¿Quién es aquél? -dijo furiosa la rabia -El aburrimiento. -le contestó la cordura que hacía equilibrios a la pata coja -¡¿Se puede saber que has hecho?! ¡Monstruo! -La rabia rompió sus vestiduras y empezó a escalar el acantilado con las manos desnudas seguida por la violencia, el rencor, la envidia y la incomprensión. Pero en ese momento el aburrimiento dijo -No os alarméis, sólo estoy matando el tiempo. -otro tiempo cayó por el precipicio, esta vez con un estentórreo grito y todos se fueron, todos menos ella... Blanca y negra, como siempre, la soledad se quedó más sola que la una.

Alfredo Gil Pérez 21/05/2013

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