jueves, 16 de mayo de 2013

El sueño secreto


     Mi sueño secreto se palpa, pero no se toca; se huele, pero no se degusta; se sabe, pero no se dice. Porque sólo un sueño secreto es capaz de entender sin palabras, de hablar sin sonidos, de cantar con la mirada y jugar al escondite de los sentimientos.
Sólo yo conozco mi sueño secreto y sólo él lo sabe sin saberlo. Sólo un sueño secreto es sueño en tanto que sea secreto. Porque romper su magia de lo imposible, ya sea individual, a dúo o colectivo, lo desnuda y se vuelve frágil. Más incluso de lo que ya lo era por su condición de sueño.

     Un sueño secreto es inalcanzable, se acaricia por la espalda, se anhela en el silencio y se tiene presente al cerrar los ojos y con la brisa perfumada que trae el viento cada mañana.
Un sueño secreto se nos escurre entre las manos con el paso del tiempo, pero se guarda en el corazón para siempre.
No es más que un respiro de aire fresco en el inmenso crisol de nuestras vidas, y una excusa para sonreir sin compromiso.

     Cruzamos los dedos y desamos que dure lo que tenga que durar. Le echamos un pulso a la adversidad y besamos el riesgo de despertar desnudos y solos, sudorosos en una camas con mantas pero fría... Aprovechamos las rachas de viento y volamos. Volamos hasta tocar las nubes, el sol, las estrellas y todo lo que nos permita el viaje.

     Cuando llegue su final agridulce guardaremos las mieles para volver a sonreir en soledad, tal vez con un poco menos de luz. ¡Pero, ay si el viento sopla y decide aferrarnos por las alas, se enamora y no nos suelta! ¡Ay si el sueño nos sonríe y también quiere soñar! Un sueño secreto traído a menos dura para siempre y también puede hacerse realidad.


Alfredo Gil Pérez 13/05/2013

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