viernes, 3 de mayo de 2013

1984-2013


     La pluma del maestro se balancea suavemente sobre el papel, atrapada entre los nudosos dedos del anciano que recorre con sus ojos la lista de materias que se impartirán este año. Se ajusta las gafas mientras refunfuña entre dientes y barbas sobre el enorme escritorio de cedro y rodeado por un ejército de formularios ingobernables que no se entienden entre ellos. -se quita latín, la filosofía va por el mismo camino... claro, no son útiles según el ministerio... - nervioso, decide tomar otro sorbo de su taza de café y alumbrado por la luz divertida de una  Tiffany, el objeto con más color en aquel cubículo de trabajo, es presa de una profunda revelación. 
Sus pupilas se dilatan, su tensión sube y baja como una montaña rusa, mira al infinito y se pierde por un momento. Cuando vuelve en sí abre la boca como un autómata y expresa sus ideas -Un pueblo que forma gente apta para el trabajo en lugar de ciudadanos maduros, responsables y con ideas propias es un pueblo enfermo y destinado al fracaso... -se sorprende, se asusta, deja el boli y se mesa el bigote tratando de disimular -Bueno, ya he trabajado demasiado por hoy, mejor será que vuelva a casa. Mañana será otro día. -deja los papeles, recoge el maletín y el sonido de la puerta al cerrarse es el último relevante que registra el micro P4444 instalado bajo su silla. Lo sabe, habrá que contratar a otro profesor para este curso...

Alfredo Gil Pérez 03/05/2013

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