miércoles, 10 de abril de 2013

El gato doméstico

     Érase una vez un gato al que tenían por doméstico, parte de un dómos, un bien objeto. Un mueble estético, estático, estoico, práctico y pragmático; con pelo, dos ojos, dos orejas, los bigotes, nariz peluda y un rabo pardo-atigrado.

     Maullaba, ronroneaba, jugaba, arañaba, todo ello con alardeo. Hacía las veces de cojín, bolsita de agua caliente e inventaba carantoñas para su dueño. 
Y aunque el chico poco tenía de amo a gato le gustaba fingir , porsi su orgullo hería. Como si de un adolescente que creyera en Papá Noel se tratase, lo engatusaba con una nueva escena a su llegada y un mimito o dos cuando marchase.

     Un animal en propiedad ilusoria, que más que doméstico era casero y disfrutaba con los cuidados de quien lo tenía por impedido. Engordaba en el sillón y por la noche, camuflado, tenía sus escarceos con otros gatos del barrio.

Alfredo Gil Pérez 10/04/2013

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