martes, 23 de abril de 2013

Carne quemada


     Y después de disparar la bala y quemar la carne lloverán las lágrimas de los muchos pobres idiotas que no vieron venir el conflicto, que arropados por la ira abrazaron las pistolas y abrasados por el fuego de la ignorancia pensaron que una bala puede más que las ideas y el calor de los ideales. 
Pisarán las ascuas y tratarán de apagar las cenizas de lo que fuera diferente y que tras tiempo, silencio, bocas cosidas e intenciones y sentimientos maquillados volverá a alzarse con la misma razón que antes pero poseído por la desacreditante chispa arrogante y recelosa.

     Pensarán los nuevos sabios que su bala puede ser más certera, dispararán y cuando traten de apagar las ascuas del antiguo tirano, de escupir a sus cenizas llorarán al entender que las balas, balas son y a balas llaman; que en la rueda del tiempo volverán a alzarse y a caer cuanto dure el tiempo si es que tiene fin. Jurarán cambiar el rumbo, dilatar esa enseñanza y trenzar una paz duradera y de diálogo. Pero el destino del hombre es aciago, y cuando acucie el hambre, cuando les falte el aire, se plantearán volver a disparar, pagar la sangre con sangre... Y llorarán, llorarán cuando recuerden lo olvidado y termine su éxtasis de venganzas sin sentido y libertad violenta.

      Al dolor paga el dolor más fácilmente que el perdón; y por el dolor sufrido, dolor se crea para la ya desequilibrada balanza.

Alfredio Gil Pérez 23/04/2013

1 comentario:

  1. Una reflexión de lo más dura y profunda. Tu manejo de las balas mola supremamente xD. Aunque me encanta en general me quedo con el último párrafo, q lo colocaste en el lugar q tenía que ir, donde cerrar la narración. Mu antaligente si señor xDDD

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