miércoles, 3 de abril de 2013

Ángel gris

     Pesaban sobre su sonrisa las horas que había dormido de menos y sus ojos cansados brillaban con la ausencia de un fantasma.
El frío de sus manos no hacía más que confirmar mis sospechas. Fantasmas, fantasmas en vida que mueven una triste cáscara vacía arañando desesperados los vestigios de un pasado.
El valanceo de sus piernas delataba su desesperación y el tic-tac de sus ojos me contagiaba con su ritmo frenético y destructivo.
Tal vez ése conseguiría salvarse, a fin de cuentas había asistido por voluntad propia al centro...

     No podía evitar imaginar aquella cara con menos sufrimiento y sin signos de ansiedad. Sin duda debió de haber sido muy guapo. Y volvería a serlo, pero... ¿sería feliz terminado el proceso? ¿Conseguiría readaptarse a nuestra sucie... digo, sociedad... más frenética aún que sus trances?
Si yo lo había conseguido, ¿por qué él no?

     Creo que en el fondo es mi empleo ideal, que es mi penitencia. Tras perder mi alma y el autocontrol arrodillado ante la droga no podría haber sido de otro modo. Mi moral me obliga a devolver almas a sus cuerpo mientras sujeto la mía cuando siente ansias de abandonarme.
De algún modo me tiendo la mano con cada muchacho que salvo. Y por salvarles soy egoista a la par que generoso... Borro mi tragedia personal.

Alfredo Gil Pérez 03/04/2013

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