miércoles, 6 de marzo de 2013

Las nubes de Paula

     Hundió la cucharilla en su inseparable café de las mañanas, mientras su mirada atravesaba el cristal de la ventana para volar entre las nubes. 
Su gata rasgaba los cojines de franela y su fleco negro azabache ondeaba con la brisa que jugaba en la cocina.

     Los ojos verdes se hacían azules de nube en nube y el "¡bib!" del ordenador con el que trabajaba desde su casa trataba desesperado de devolverla a tierra.
Sonó el timbre, -¡La cartera! -unas voces y una puerta. Y sorteando rascacielos Paula seguía jugando a la intrépida aventurera.

     Los peces de la pecera (más pescados que peces) se burlaban de la gata, que furiosa se lanzó hacia los neones, empujando una vasilla de cristal llena de piedras blancas, verdes, azules y negras que cogía de la playa la humana, que era su sierva.
Ella seguía saltando reticente a toda regla. No hay gravedad, no hay normas, ni trabajo, ni tiempo, ni parejas... 

     Una pantalla en azul la alertó a gritos del problema. -¡Tu gata está sobre el teclado! Tendrás que empezar de cero, que tragedia... -dejando a un lado la taza y limpiando del crimen la escena, tiró el cuerpo a la basura y retomó la materia. 
Hoy ha muerto una vasija y los sueños de su dueña.

Alfredo Gil Pérez 06/03/2013

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