lunes, 18 de marzo de 2013

El valor de una moneda

     50 céntimos redondos, metálicos, sucios, que han pasado tanto de mano en mano que no son ni tuyos ni mios. Tampoco son lo mismo, aunque lo intentan, y menos aún valen lo que debieran con cada cambio...

     Tronó el baile de su caída sobre el mostrador cuando Marcos estaba pagando el pan, y la silenciosa despedida de nuestro redondo amigo al entrar en la caja registradora. Sin embargo aquel suceso no era aislado había muchos, muchos más. 
Estaban los 50 céntimos que se suicidaban de un bolsillo, los 50 céntimos que acompañaban al euro del café, los que sacaban un chicle de la máquina y los que se quedaron vergonzosos en el plato de las propinas.

     Pero sin ninguna duda los 50 céntimos más valiosos que he visto en toda mi vida han sido los que un mendigo sacó de su exiguo monedero para dejárselos a otro que sufría más el hambre, los que un abuelo regaló a su nieto para que se comprara algo, a pesar de su estirada pensión, o los que ese mismo nieto utilizara para comprar golosinas que repartiría en el recreo con aquellos niños que no habían tenido tanta suerte.

     50 céntimos, tan parecidos y tan diferentes.


Alfredo Gil Pérez 18/03/2013

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