lunes, 18 de marzo de 2013

El confort de la caverna, capítulo 1

     -Se recuerda a los habitantes de la caverna que las medidas de seguridad prohiben el abandono del complejo durante el día. -sonaba la misma voz que cada mañana, un eco condenado a repetirse eternamente, mientras Lu´Jah se servía un té. -Las deterioradas condiciones atmosféricas hacen del Sol un agente nocivo y altamente perjudicial para la salud de los residentes que... -la joven agente acariciaba a su mascota, Shu, un sedoso topo de los túneles, apurando su taza antes de iniciar la guardia.

     Como cada día, mientras las entrañas de la Tierra rugían de actividad, patrullaría el exterior para asegurar que se cumpliera la "ley" de los Bathori.
Ella era de los pocos privilegiados que, bajo secreto de estado, disfrutaba de los beneficios de la codiciada luz solar. Dos mundos separados por una fina capa de tierra, pero al fin y al cabo uno de los dos estaba enterrado.

     Muy pocos conseguían ascender como lo había hecho ella, y no sin pocos sacrificios y una alta dosis de suerte. 
Para el resto de personas la superficie perduraba en el imaginario como una peligrosa franja que les proveía de energía y de algunos alimentos secundarios (nada que ver con los fabulosos complejos vitamínicos NAE) -<<¡Menuda mierda!>>. -Y permanecían ajenos a las fantásticas selvas y ciudades elitistas para las que trabajaban sin saberlo. -¡Toda una colonia de hormiguitas eficientes! -se dijo Lu´Jah. -Me pregunto cuanta libertad fingida más les darán  antes de que se den cuenta de la realidad... seguro que para entonces las cuerdas serán demasiado gruesas para sus débiles tijeras disonantes. Aunque, bueno... así son felices, ¿no? -se endosó el casco y se cubrió con el "traje protector" para acceder al elevador que la llevaría a un mundo... diferente...

Alfredo Gil Pérez 18/03/2013

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