miércoles, 13 de febrero de 2013

Una mala palabra



    Miraban al espejo de agua situado sobre el altar, compungidos, desde su fantasía. Veían a través de sus ojos y escuchaban por sus oídos, pero poco más podían hacer. Los gritos se sucedían y volaban golpes aquí y allá que el pequeño duende y el hada sentían como propios al vivir en el mismo cuerpo que la niña... Entonces, entre escozor y dolor, llegó... -¡Te odio...! -el hada cayó de rodillas y el duende la abrazó por los hombros para consolarla. Ambos giraron alarmados por la luz roja y vieron cómo el árbol a sus espaldas se cristalizó con el sabor salado de las lágrimas de la pequeña que volvía a su habitación tras la riña con su madre para seguir soñando. 

     Los unicornios, los arcoiris y los castillos de ensueño seguían en aquél pequeño rincón de su mundo, pero el cristal que había ahogado a aquél hermoso árbol no cedía a las explosiones de creatividad y color. 
Temblorosos se levantaron y ayudando a su amiga, con la vista puesta en el petrificado anciano, susurró el duende -La peor arma de un ser humano es la palabra... Un mal golpe se cura con el tiempo, pero una mala palabra puede quedarse en el corazón de quién la escucha toda una vida...

Alfredo Gil Pérez 13/02/2013

No hay comentarios:

Publicar un comentario