viernes, 4 de enero de 2013

Time Lapse de colores

     No había razones para olvidar en aquél jardín bajo la luz dorada del atardecer. El naranja se colaba entre las hojas de otoño y la memoria guardaba lo mejor que podía cada detalle para recrearse en ellos una y otra vez cuando llegara el invierno. 

     Las estrellas pujaban contra las nubes y la luz del sol. Tan rápido como apareció éste aquella mañana ellas dominaron los cielos. No había luna y el viento liberaba las hojas de sus ramas, pero aun así el calor naranja y el olor a tierra mojada seguían aferrándose a la escena. 
El rocío de la noche hizo de percusión azul y húmeda mientras las setas, tan mágicas y enigmáticas como siempre, aparecían aquí y allá en un abrir y cerrar de ojos. 
Los animales seguían sus rutinas y las plantas desplegaban sus tallos queriendo beber de la luz de la mañana que se avecinaba. 
El naranja pasó a amarillo y pronto el frío caló en el jardín que nos ocupa con un tono púrpura cercano al azul de la percusión de fondo. Las sombras se hacían palpables seguidas de un aullido, dos, algún gato merodeando los alrrededores y la luz titilante de las farolas tras la verja... 

     ...Por fin la tan esperada luz pálida del amanecer. Las lejanas estrellas deslumbradas por la nuestra desaparecieron recogiendo su manto, las gotas de rocío se iban evaporando a medida que se intensificaba la calidez de los colores y con la alarma de algún que otro gallo y algo de paciencia llegó el mediodía. 
Los niños jugaban en el columpio del árbol y sus risas verdes y vibrantes inundaron todo.

     En ese momento el pintor dejó su pincel a un lado y se paró a valorar la obra... No está mal, aunque yo habría seguido pintando...

Alfredo Gil Pérez 04/01/2013

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