martes, 11 de diciembre de 2012

La ciudad palpitante


     La ciudad palpitante no era más que un universo de ojos multicolores y distraidos, un millar de orejas que oyen pero no escuchan y una legión de pies que andan sin rumbo. Cabezas llenas de aire, de sueños, de pensamientos, de problemas; atenciones puestas en el móvil y labios que retienen confesiones, gritos, sonrisas y besos, muchos besos.
La ciudad palpitante se reducía a océanos de aromas y perfumes, a hedores camuflados y suspiros en la base de una vibrante atmósfera calzada en cemento y con un estilo salvaje artificial rondando por sus parques y arboledas. En ella cuelgan el internet y la electricidad a lo Tarzán por el cableado mal trenzado y acechan en la oscuridad de los semáforos el rojo y el verde a las zebras que de paso ayudan a las manadas de peatones a cruzar los negros ríos de carreteras.
Las músicas se entremezclan y las voces se difuminan entre las pitas y el humo de la palpitante y viva ciudad.

Alfredo Gil Pérez 11/12/2012

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