viernes, 12 de octubre de 2012

Orugas de alta mar


     Érase una vez una oruga intrépida sobre una hoja verde, que llevada por el río se hizo pupa en alta mar. Al cantar de las gaviotas resurgió una mariposa de sal, de cristal y de espuma de mar. Que no volaba, nadaba; que sin colores surcaba y polinizaba las enormes flores azules que son las olas del mar.

     Le salieron peces al camino, delfines y ballenas, uno o dos torbellinos; y al final de una tormenta decidió que su aletéo no era cosa de nadar. Regresando a tierra firme murió enterrada en la arena, bajo coronas de conchas que recordarán su hogar.

Alfredo Gil Pérez 12/10/2012

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