martes, 2 de octubre de 2012

El baño de Apolo



                Atravesó el bosque de columnas, descalzo sobre las lozas, palpando cada paso firme sobre la áspera superficie. La toalla que pendía de su cintura hacía malabares para lograr su propósito y pronto quedó inútil al caer al suelo junto a la fuente termal.

            Se detuvo y observó la vibrante superficie que despedía vapores aromáticos. Zarandeó la cabeza para apartarse los bucles dorados de la cara… -¡Apolo! -susurró una voz grave que le hizo girar sobre sus talones, pero allí no había nadie. Sólo su desnudez y aquellas termas tan antiguas como la misma Gea llenaban la estancia.
Con la respiración entrecortada sumergió el primer pié, y antes de que alguien pudiera irrumpir en aquél momento tan íntimo se zambulló de cabeza y dejó que su cuerpo se tostara por un Sol de agua, mientras lavaba las impurezas del mundo.

            En aquél momento alguien se apartaba de un agujero practicado en cualquier muro y dejaba de profanar la intimidad del dios.

Alfredo Gil Pérez 02/10/2012

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