miércoles, 26 de septiembre de 2012

Sueños de democracia



         Y allí estábamos, a las puertas de un congreso que se había cerrado en banda a la más lógica de las peticiones. Un cordón policial de acero los “protegía”, aún sigo sin enternder de qué cuando lo único que reclamábamos era nuestro derecho democrático a elegir y destituir gobiernos que no hagan la voluntad de la mayoría (con un referéndum todo se hubiera calmado…)
  
          La ridícula distancia que nos separaba y su deber moral como representantes de un pueblo se desmoronaban, cayendo en un profundo abismo, tornándose algo tal vez más vergonzoso de lo deseado.

Escuché gritos frente a mí, no alcanzaba a distinguir con claridad lo que sucedía pero la expresión de la gente dudanto entre si permanecer o correr despavoridos me dio una cierta idea.
Todo era tan irreal, todo era tan irrisorio. ¿Qué sentido tiene una democracia representativa cuando la democracia se le cae por el camino y se olvidan de representar a nadie?

          Pronto llegó el primer golpe, la confusión me asfixiaba y el nerviosismo ya me había inmovilizado mucho antes de la llegada de los agentes. Me arrastraron hacia el vehículo, y antes de entrar en él y de que la débil luz de una noche tan triste quedara atrás, me inundó el recuerdo de la represión policial que me narraban una y otra vez tantas y tantas personas con la muletilla <<En mis tiempos…>>
-por desgracia tus tiempos han vuelto… -me dije en voz baja, asegurándome de no ser escuchado y con miedo siquiera a ser oído.
Apagué entonces la televisión, un remordimiento se abrió paso por mi interior con la escusa de vivir tan lejos que no haya podido estar ahí. ¡Pero vaya que si les entendía! Les mandé mi apoyo sumido en la tristeza y me refugié en la cama dejando antes del sueño un país menos civilizado que ayer y, desgraciadamente me temo, más de lo que lo será mañana.

Alfredo Gil Pérez 26/09/2012

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