miércoles, 5 de septiembre de 2012

Sobremesa de muerte



     Una bonita tarde, de sobremesa, discutían acaloradamente una rata, una rana, un zorro y Carlota sobre la enormidad de la muerte y la incapacidad de escapar a ésta. La rata alegaba que de sus 12 tías ninguna lo había conseguido. Aunque se hablaba entre los roedores de un queso, que era la panacea de los bigotes y otorgaba la eterna longevidad.
Obviamente la verde y húmeda rana dudaba de que aquello que pudiera prolongar la vida fuera un queso, e incluso de que cualquier otra cosa lograse tal efecto. “Es una idea muy poco científica”, remarcó el batracio ajustando sus gafas de vista cansada.

     El zorro argumentó que con astucia todo se puede y que, tal vez, tomando la ciencia de la rana y un poco de suerte se podría prolongar la vida hasta donde uno deseara. Pues todos los allí presentes bien sabían que las mejores ideas correspondían a los de su especie.
Un “croac” de desaprobación encendió la mecha y pronto el zorro y la rana alegaban sinsentidos llevados por una furia irracional.

     Interrumpiendo la disputa, algo insegura, Carlota comentó: “Tal vez cada noche cuando nos dormimos estamos sumiéndonos en el abrazo de la muerte y resucitamos a la mañana siguiente en la vida. De ser así cada día es una muestra de nuestra envidiable capacidad para volver entre los vivos”.
Todos los animales rompieron a carcajadas, pero Carlota no creía haber dicho nada demasiado raro para aquél tipo de conversación.


Alfredo Gil Pérez 05/09/2012

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