miércoles, 8 de agosto de 2012

Por las barbas del mendigo



     El mendigo rodó por la hierba, estiró las manos para vislumbrar los dedos que asomaban por los huecos de sus guantes y sonrió mesándose las barbas al tiempo que, sintiéndose observado como si de un loco se tratase, pensaba: <<el día que la gente entienda que aunque hace falta la vida para una buena economía, no se precisa el dinero para vivir; el mundo se tomará todo menos enserio>>

     El árbol en el que se apoyaba llegó a la conclusión de que todos los mendigos son buenos filósofos y continuó durmiendo.

Alfredo Gil Pérez 08/08/2012

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