domingo, 15 de julio de 2012

Un mar de sonidos




     Al levantar la varita, como un hechicero del tres al cuarto, el director de orquesta se desligó del mundo y se dejó llevar por el encanto de las dos primeras notas.
No sabía por qué, pero siempre había tenido la opinión de que precisamente las dos primeras notas de cualquier canción eran su marca de fábrica. Pues son las dos primeras figuras que pasaron al papel, y es en ese momento mágico y efímero cuando todas las musas que inspiran la grandiosidad de las melodías abrazan, por un instante, nuestro físico y rígido mundo; se hacen corpóreas haciéndolo parecer menos rudo y sin encanto...

     Volvió en sí con la intervención del clarinete y se sorprendió dirigiendo un coro de sirenas camufladas de instrumentos que embelesaban a los navegantes en sus butacas...

Alfredo Gil Pérez 15/07/2012


2 comentarios:

  1. Awesome!Ciertamente hechiza con sus armonías, timbres, ritmos... La música clásica será eterna. Merece, al menos, que sea interpretada en algún momento de la formación musical, sea cual sea el instrumento.
    En general me absorben mucho tus textos, logras crear el ambiente, lo enlazas muy bien y eres creativo y original, de veras. Seguiré leyendo y gracias por compartir tu letras.
    Mia.

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    1. Gracias a ti por leerme y espero que te sigan gustando los textos que salgan :) ¡Un saludo!

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