martes, 10 de julio de 2012

Los hilos de la palabra




     Se abre el telón y en escena aparecen un hombre con vestuario excéntrico que caracteriza a un titiritero y sobre una silla reclinado, otro actor que hace las veces de marioneta con una caracterización colorida y postura de haber sido dejado sobre la silla sin demasiado cuidado.


     Titiritero: Damas y caballeros, niños y niñas, corría pleno agosto cuando la pobre marioneta fue abandonada. (Señala la marioneta). Los niños ya no querían jugar con ella, era vieja, estaba ajada y las termitas habían decidido colonizar su madera. (la marioneta continúa inmóvil).
Era fea, tenía moho, (coge intensidad), las arañas le tejían nuevas ropas, olía mal, con un hedor insoportable (la marioneta mira y hace un gesto como pidiendo explicaciones por lo que dice y el titiritero tose y sonríe). En definitiva, un pobre trozo de madera sin valor ni utilidad. (La marioneta se ofende)
Tanto es así querido público, que podríamos asegurar que sus raídas telas y su descolorido rostro son más propios de una película de terror que de merecer los aplausos y las risas de los más pequeños. (La marioneta se encara al titiritero claramente enfadada)
Reconozco que me equivoco... sí. Al menos en una cuestión. No es del todo inútil este pinocho desdichado. Siempre podríamos utilizarlo para calentar el invierno en el hogar, algo así como un minuto, está claro que la mala calidad de su madera la hará prender desmesuradamente rápido.

     Pero lejos de entristecer esto a nuestro pequeño y desastrado amigo, le hace superarse, sí... Le lleva a olvidar que sus hilos fueron mordidos por las ratas y que ,en el coma profundo de su eterno letargo, presa del abrazo del polvo, (En todo esto la marioneta simula ir sufriendo todo lo que habla el titiritero) se regodea en fantasiosas representaciones para la corte, cuando no ha salido nunca de la tienda donde se malgastara material para que cobrase vida...

     (La marioneta se remanga la camisa y se dispone a intervenir. Se sube al taburete.)

     Marioneta: Y con esa vida a medias y un oído atento, me di cuenta del poder de las palabras. Que como a mí los hilos, os sujetan las extremidades y hasta la esencia misma de vuestro ser (el titiritero sufre ahora lo que dice esta). Habláis bien y mal, sin pensar en las consecuencias de lo que articuláis, y esto se adhiere y pervive al paso del tiempo en los demás. Sois vosotros mismos quienes deslizáis la soga del invisible hilo sonoro que la sociedad os impone al cuello (el titiritero va simulando ser ahorcado). Tiráis y tiráis asustados, despotricáis sin ver que eso engrosa la cuerda y cuando como marionetas quedáis enredados en el complejo entramado de la opinión ajena, ¡CHAS! Cortan el hilo en un último intento por deshacer el lío, os dan por perdidos y quedáis postrados en la silla de los indeseados. Tan inútiles como yo el día que perdí mis cuerdas (el titiritero tras simular cuanto se dice cae en la silla con la postura que tenía la marioneta en un primer momento, la marioneta sonríe).
Mas no temáis, no soy tan quisquilloso, rimbombante o apocalíptico como mi compañero. Siempre hay una solución, hablad obrando bien nuevos hilos y cuando algo se os anude en la garganta y la consciencia os diga que es mejor callar, callad. Y si el nudo está ya hecho... nunca viene mal tener a mano las tijeras del perdón y olvidar nuestro enfermizo orgullo. Lo dice uno que ha vivido la desidia de un desván donde el polvo era mi único compañero y poco a poco olvidaba hasta mi propio nombre...

Fin

Alfredo Gil Pérez 10/06/2012

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