sábado, 21 de julio de 2012

Estrellas de neón



     El flujo de peatones era continuo de bar en bar, bombeado por los semáforos que titilaban cíclicamente.
Los coches abarrotaban las calles en ambas direcciones y pocos eran los comercios que seguían abiertos.
La fiesta bajo la luz de las farolas y en los locales era palpable en el ambiente, mientras que en algunas casas habían decidido rendirse al sueño una noche de sábado a las 11, como atestiguaban las ventanas sumidas en sombras.

     Limpias, sucias, intensas, de bajo consumo... el mar de bombillas, cableado, diferenciales... y demás material eléctrico hacía posible uno de los mayores logros de la humanidad, transformar la noche en día; burlando así todo ciclo de sueño y vigilia impuesto por naturaleza y ganando, en cierto modo, la ansiada libertad, que es siempre uno de sus mayores anhelos.

     La central (por desgracia no hidroeléctrica como estaba planificado en un primer momento) generaba toda la energía que necesitaba la población y día tras día, noche tras noche la demanda se incrementaba.



     Tocaba revisión para la nueva ampliación y Pepe y Juan se adentraron en las entrañas del edificio para paralizar uno de los sectores. Con cuidado para evitar formar un arco eléctrico bajaron el fusible requerido y...


     La luz de la ciudad se apagó, el corazón de todos los que ocupaban la calle hizo cabriolas y al alzar la vista allí estaban ellas, titilando tímidamente como siempre lo habían hecho, y felices de recibir miradas de todos los que estaban cegados por aquella maldita luz.
El vello de la nuca se erizó en un reclamo generalizado y un cosquilleo en el lagrimal hizo suspirar a todos los presentes en un alarido ahogado y nostálgico por un sin fin de motivos.

     -¡Pero Pepe, será posible! ¡Te has equivocado, esa es la general, joder, actívala antes de que saltemos por los aires! -dicho esto la mano culpable del apagón subió la palanca azorada por su error. Y nuevamente el manto de luz cegó la vista a la gente de la ciudad. Otra vez se sumió en el olvido lo hermoso que era el cielo y el tímido tono violáceo que toma cuando se avergüenza ante las miradas más atentas.

Alfredo Gil Pérez 21/07/2012

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