lunes, 18 de junio de 2012

La palmera fronteriza




     En un territorio de costa hubo una vez una palmera alta como la luna y fuerte como una roca, que desafiaba al viento viniera por donde viniese. La gente del lugar la tenía por frontera entre dos municipios que se abrazaban, y siempre fue motivo de discordia el saber si la palmera era de unos o de otros. 
Tanto era así que para zanjar el problema se construyó un muro que contuviera a la pobre palmera entre sus bloques, dejando claro a quién correspondía cada mitad.

     Con el tiempo la palmera, a quien le encantaba sentirse libre y de ambos lados sin distinción, se puso muy triste. Sus hojas se marchitaron y dejó de luchar contra el viento hasta dejarse partir. 
Cuando esto pasó, cayó sobre el muro derribando una parte y creando una puerta; con la intención de gritarle a la gente su descontento por la terrible situación que los dividía.

     Desde ese día los lugareños entendieron que tras haberse partido el uno en dos, no había más remedio que unir los dos municipios en uno. Y aquella puerta se transformó en su nuevo símbolo de unidad.

Alfredo Gil Pérez 18/06/2012

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