jueves, 31 de mayo de 2012

Problemas de pastelitos


      Aquella tarde Esmeralda se había quedado sola en casa, sus padres habían salido a hacer la compra y su hermano Carlos estaba jugando un partido con los amigos en el parque; pero ella siempre se las arreglaba en aquellas situaciones para entretenerse y pasar una buena tarde.

      A Esmeralda le gustaba el color verde, las hojas de los árboles, la hierba recién cortada, las ardillas y los pasteles que hacía su madre con doble de virutitas de chocolate y nata.
Por la mañana la señora Glass (que así es como llamaban los desconocidos a su madre) había preparado pastelillos y ya debían de estar fríos, así que la pequeña dejó de leer su libro de “Alicia a través del espejo”, saltó de la cama y fue corriendo a la cocina para robar uno fingiendo ser una exploradora experta.

     Su madre, que era muy previsora, los dejó sobre la nevera, fuera del alcance de la niña. Pero no contaba con la astucia de la intrépida exploradora que utilizó una silla para alcanzarlos.
Una vez con el pastel en mano pensó -Uno sabe a poco, pero si cojo dos se notará mucho... ¿Cómo puedo comer el doble sin que se enfaden conmigo? -se preguntó envolviendo uno de sus dedos en los tirabuzones rubios que pendían de su cabeza. -¡Lo tengo! -gritó contenta por su gran imaginación y corrió al espejo del salón para compartir con su reflejo el pastelito y así comer el doble sin dejar pruebas.

      Al llegar al enorme espejo con un marco negro azabache sonrió a su otro Yo y le enseñó la ardilla de hojaldre que había robado de la torre más alta de su cocina.
Zafiro, que así es como llamaba a su reflejo, sonrió y le dio las gracias, tendió su mano para ayudar a Esme a pasar a través del cristal; y en la mesa que se reflejaba desde su salón compartieron el botín. Era la hora del té y el peluche de Esmeralda, el sr. Pelusilla, era el invitado de honor, junto con dos espejos parlanchines que habían viajado desde el baño y el cuarto de sus padres para la ocasión. Se repartieron los pasteles (que ahora eran muchos reflejados).

     ¡Cling! La campana de la entrada sonó avisando de la llegada de los padres de Esmeralda, y la pequeña asustada porque la encontraran con las manos en la masa (nunca mejor dicho) enfocó un espejo en otro para crear un túnel mágico por donde escapar, lo cruzó a la carrera y ¡Crash!

     Al llegar al salón los padres vieron a la pequeña con cara de circunstancia mientras escondía bajo la alfombra los pedazos del espejo y al señor Pelusilla con la cabeza enterrada en el pastelito que le tocaba...

Alfredo Gil Pérez 27/05/2012


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