miércoles, 9 de mayo de 2012

Duendes negros




     En pateras de tablas llegaron, abrigados por la noche, en la ilegalidad del contrabando que los confundiera con objetos. Desembarcaron en el reino del cemento armado, buscando algún nuevo abrigo que los pudiera arropar. Duendes de África que carentes de un bosque se esconden en la ciudad de los nadie y sonríen cuando no te entienden.
“¡Sin papeles!”, los llaman, cuando no es que no los tengan sino que los han cambiando por sueños.

     Tras ver su baobab marchito decidieron emigrar, y en las ramas de otras gentes, con otras voces y culturas, olvidaron ser felices al entrar a trabajar. A pesar de todo les queda el consuelo de cada noche entrar en el mundo onírico que les lleva junto los que dejaron atrás.

     Su único delito fue pensar que tras la frontera los humanos eran personas y entenderían que no es su intención robar a nadie, que no quieren estorbar ni aprovecharse. Todo lo contrario, lo único que quieren es vivir en paz y encontrar la felicidad, como todos los duendes del mundo.
¡Qué sin sentido ser extranjero en la tierra que es de todos!

Alfredo Gil Pérez 09/05/2012


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