sábado, 19 de mayo de 2012

Bosqueverde



     Hace hoy ya dos mil años que la ciudad de Bosqueverde se cultiva a sí misma, granjeándose el nombre que año tras año, idioma tras idioma, le han asignado.
Su esqueleto de madera viva y retorcida, sus luces, sus sombras, sus flores y ,sin lugar a duda, sus plazas de claro de bosque han hechizado a los viajeros que han tenido la suerte de poner un pie donde el hombre y la naturaleza decidieron caminar de la mano.

     Cuenta la historia de la creación de la ciudad, como todas las grandes historias envuelta entre el mito y lo que pudo ser, que allá por el 2019 el ser humano había acabado con todo el equilibrio que mantenía la tierra. Aterrados ante lo que pudiera pasar, y entristecidos al ver que la primavera la componían un amasijo de cristales coloridos y polvorientos en un vertedero y el invierno se disfrazaba de una nube de humo y hollín, en ese momento agónico y justo en este preciso lugar... se formó el primero de muchos pactos dispuestos a devolver a la tierra el color y la energía arrebatados.
Es por eso que hoy, en recuerdo a las leyendas de nuestra ciudad, aquellas que contaran nuestros abuelos y los suyos antes que ellos (obviamente fantasiosas), volvemos a plantar un árbol por cada niño nacido y sembramos flores por cada uno de nosotros que ha seguido su camino y no nos acompaña. ¡Feliz día de Bosqueverde! - Al terminar su discurso, el alcalde volvió a colocarse el sombrero y, tras una orgullosa mirada a la marea de gente iluminada por la verde luz que se colaba entre los árboles, se planteó entristecido si podría haber sido cierto algo tan horrible. El vello de su nuca se erizó, sonrió para mantener los ánimos altos, consciente de que era el centro de atención. En su interior, por un momento, creyó sentir miedo de lo rápido que se insensibilizan los corazones para llegar a hacer tanto mal. No podía ser verdad...

Alfredo Gil Pérez 19/05/2012


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