martes, 15 de mayo de 2012

Un golpe sin suerte



     Un abuelo y su nieto regresaban en su carromato de vender hierbas y zanahorias durante el mercado del obispado. Habían hecho un buen negocio aquél día, y sus fondos estaban cerca de valerles nuevas tierras para toda la familia.

     En el transcurso del camino encontraron a unos alborotadores que hacían frente a la guardia real negándose a pagar más impuestos. Mientras los rebasaban, anciano y niño, pusieron el oído para distraerse un poco de la monotonía del viaje.

     -¡No podéis cobrarnos tanto, pensad en el pueblo que muere de hambre, casi no nos queda nada! ¿Qué será de un reino sin nosotros? -Se escuchaba alegar a uno de ellos que estaba recibiendo patadas y puñetazos que terminaron por silenciarlo. Aquella parecía la tónica de todos en el pequeño grupo de "sublevados". Quejarse y recibir golpes sin devolverlos...

     
     Al dejar atrás la discusión el pequeño insultó al grupo y se rió de su aparente pasividad, comentando que "si hubieran cogido un par de buenos arcos, otro gallo cantaría..."
En ese momento un destello de vieja sabiduría iluminó al abuelo que reprobó al muchacho... "Verás hijo, creo que lo han hecho bien... Siempre he creído que algún día, cuando dejemos atrás el reino de violencia en el que vivimos, se impondrá la palabra al puño... Esos pobres han plantado la semilla para que se vea justo lo que es lógico y las armas dejen de dictar las reglas. Antes o después dará sus frutos. Algún día los dará..."

     Y sobre el vehículo de madera siguieron avanzando por su camino, soñando despiertos con un mundo mejor.

Alfredo Gil Pérez 15/05/2012


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