lunes, 23 de abril de 2012

El talón del ego



     Todo lo que pudo salir mal, salió mal. En ese momento en el que la brisa cambia de dirección dejándote caer y te encuentras solo ante la inmensidad de los problemas más pequeños, es cuando el eco de los buenos consejos llega a tu memoria como un consuelo lejano. 
Y allí estaba yo, tendido en el suelo, impotente ante como se había desarrollado todo. La corte tenía su vista puesta en mí, los cuchicheos cargaban el ambiente y juraría que por el rabillo del ojo se distinguía alguna que otra sonrisa. Sin embargo comprendí, en buen momento y a Murphy no, gracias, lo que el caballero de palo quería decir cuando le pregunté por la guerra...

    "Las mayores batallas son las que se libran en guerras internas, pues nunca es fácil entender que uno pueda llegar a ser la solución y el problema."

     Levanté la cabeza, inspiré hondo y sonreí. Entendí que los errores no eran de mi exclusividad, recogí del suelo los pedazos del ego perdido y rebané la tensión con la carcajada más sincera que jamás haya salido por mis labios. Pronto se contagió como la peor de las pandemias y lo que se vaticinaba como una catástrofe acabó siendo la mejor de las fiestas que puedo recordar. Al son de los tambores quedó atrás la desgracia y yo dejé de ser mi vergüenza para ser mi regocijo.

     ¡Qué bueno es entenderse!

Alfredo Gil Pérez 23/04/2012



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