miércoles, 7 de marzo de 2012

Retrato de una calle







Manaba de los balcones
el dulce olor de las mieles,
tal vez poco merecidas,
que las madres cocinaban
a su pequeña progenie.

Los gatos, firmes guardianes
de las puertas de sus casas,
asomaban sus bigotes
atendiendo a cuantos pasan.

Los perros van a otro tanto,
ladrando en las azoteas,
recitando mil poesías
que tal vez pocos comprendan.

Las abuelas guerrilleras,
apostadas tras ventanas,
fulminaban con miradas
a los francotiradores
que traían pan de ayer
y del agua las garrafas.

“¡Correos!”, se escucha al fondo.
“¡La factura!”, allá en la casa.
Y los niños por salir,
no devoran sino engullen
cuanto en el plato se amasa.

Suena un timbre allá en la calle,
una pita y una taza
de una madre que estresada
por jornadas bien completas
se dirige a media asta
corriendo por la cocina
con el silbar de una hoya
donde el potaje se pasa

Alfredo Gil Pérez 07/03/2012



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