jueves, 1 de marzo de 2012

Noche en la ciudad de los menos






Cae la noche y las calles se tiñen de oscuro
No hay hombre ni gato que remueva en el cubo
pero retumba en las paredes su feroz movimiento
y entre las sombras, también se esconde un lamento

las luces de las farolas apuntan como cañones
disparan seguridad en todas las direcciones
pero en este barrio de matones y ratones
no hay persona mal comprendida, ni de malas intenciones

paso a paso, navego entre las sombras
un mar de miedo se desliza, torpemente, en mi contra
giro el timón, mi barco cansado se escora
¿algún peligro, quizás, tras la esquina se encorba?

“Buenas noches caballero”, señala una cucaracha
mientras con la basura del suelo, ésta feliz se despacha
no hay navaja, cigarros, ni mucho menos un hacha
y el pequeño artrópodo corretea a sus anchas

Ha pasado la hora bruja, la hora de las pretensiones
y ni una sola hechicera se encantó con sus canciones
la sirena, sí, sonaba, presa de otras intenciones
muy curiosamente abajo, donde viven los mejores

abro la puerta y dejo atrás el horror, el temor
de un barrio de vándalos donde mandará el terror
en el día de la mano, de los más fieros ancianos
y en la noche, al parecer, de artrópodos (y puntualmente algún gusano)

Alfredo Gil Pérez 01/03/2012


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