domingo, 5 de febrero de 2012

Picos del Atlántico



Y me dijeron, ¿te quedaste en la isla?
Y yo sonreí, sonreí porque, cómo explicar que me habían seducido las sinuosas curvas de sus montañas. Cómo contarles que su verde cabellera y el perfume de sus flores me habían amarrado a la falda de sus volcanes, y me habían despertado en el idílico paraíso de mis sueños. Un mundo de maravillas sin Alicia, pero con el tiempo perdido en el reloj que olvidó tras de si el conejo; lo que ha hecho que sus gentes vivan ajenas a su paso.
Enamorado de un lugar donde un alud de mariposas de colores y una temperatura constante son suficientes motivos para alegrarte el día, y la sonrisa y el abrazo de un amigo el mejor bálsamo para la rutina.
Sonreí y lo siento, pero me declaro incapaz de expresarles la belleza de lo simple y la simpleza de lo bello.


Alfredo Gil Pérez 05/02/2012

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