lunes, 20 de febrero de 2012

La gran mentira






     Y la palabra dio la mano a la mentira. La primera consolaba a la segunda mientras sus lágrimas limpiaban un rostro marcado por el tiempo y el autoengaño. Ella sólo había querido sanar las heridas imaginando un mundo nuevo, ajena a la realidad. Pero pronto chocó contra ésta y se dio cuenta del error que supone ver flores en castigos, esperanza en la condena y justicia en la muerte.
A pesar de ser experta, no consiguió engañarse y el mundo, de repente, le parecía algo horrible e inadmisible. Sabía que eso destrozaría a la esperanza, sabía que no tendrían forma alguna de recuperarla, ¿cómo tras darse cuenta de lo imposible que resulta un mundo mejor? Pero, orgullosa, o movida por el amor que le profesaba a ella; decidió callar, fingir y seguir adelante con una eterna pantomima de la felicidad, queriendo así que el resto de sentimientos creyeran la fantasía. Tal vez el mundo no cambie, pero las emociones no tienen por qué estar sujetas a él.

Alfredo Gil Pérez 20/02/2010



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