miércoles, 4 de enero de 2012

Volviendo a los inicios (publicado en revistabohemia7 el 08/05/2010)


      Dos piedras perfectamente redondas, hermosamente lisas, rodaron colina abajo, en la campiña de la vida que desemboca en el mar.
Con cada giro sobre si mismas rozaban con otras piedras grandes y pequeñas que dejaban sus marcas sobre las primeras. Éstas no sabían si alegrarse por cada encuentro fortuito o entristecerse en su eterno girar por la pérdida de su belleza inicial, su lisa inocencia y felicidad infantil...

   Con el tiempo se aproximaban cada vez más y más al mar que prometía convertirlas en arena con su arrullo y temerosas cayeron en la tristeza y dejaron de aprovechar su impulso para pemitir que cada piedra del camino las marcara y aprender su forma en sus cuerpos, pues estaban celosas, decían: "que envidia esas piedras que han encontrado su lugar en el camino. Ellas que se limitan a esperar a que otras como yo las choquen, que egoístas" Y egoístas también ellas a partir de ahí se limitaron a rodar evitando los choques fortuitos.

    Llegó por fin el día que esperaban y lograron llegar al mar, una vez allí se preguntaron una a la otra:
"¿Y ahora? Yo quería seguir viajando, quería ver más mundo y disfrutar de mi camino." "Yo también" Se lamentaban: "¿Qué haremos ahora que no podemos seguir rodando?"
Una ola furiosa las bañó y cientos de granos de arena de todas partes y rincones del mundo, salieron despedidos a la orilla donde el viento se los llevaba. Las piedras se miraron y tristes se dieron cuenta de la suerte que tenían, serían arena antes que las otras, el mar se las llevaría a otros lugares o el viento las esparciría por ahí. Pero habían perdido la oportunidad de llevar consigo el recuerdo de tantas otras y disfrutar con sus choques de impulso. 

          Ya nunca más serían la misma piedra.


     Alfredo Gil Pérez 2011

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