viernes, 6 de enero de 2012

Cuentos de Sol (Capítulo 1)


Capítulo 1

        Lagartija caminaba sobre la piedra, tostada por el sol, mientras yo en mi madriguera observaba el panorama. <<Es maravilloso comprender el por qué de las cosas>>, me dije en voz alta mientras Peludo y Pizco, mis compañeros de agujero, se desperezaban estirando sus patitas hacia el cielo.

        -¿Qué es lo que comprendes Peluso? -preguntó Peludo mientras acicalaba sus bigotes con las patitas delanteras. -que yo sepa poco sabemos del por qué de las cosas... bueno reconozco que sé por qué tengo hambre pero... poco más sé. -Pizco, que sacaba una pipa de girasol en ese momento de su rinconcito de paja volvió a esconderla, de forma apresurada y torpe, bajo la tupida cama. -¡Eh tú, comparte esa pipa!

        -Es que sólo es una... y es lo que me sobró de la cena, yo también tengo hambre....

        -¿Y tú que opinas Pizco? -Le inquirí sin poder quitarme de la cabeza la desconcertante respuesta de Peludo.

        -¿Qué opino de qué?

        -De saber el porqué de las cosas... yo sé mucho y estoy contento de ello.

        -¡Ah, eso...! Pues la verdad, nunca me lo había planteado... supongo que está bien.

        -¿Qué está bien, qué? -se quejó Peludo soltando repentinamente la pipa por la que forcejeaba y poniendo los brazos en jarra, con lo que Pizco salió rodando abrazado a su pipa contra la pared de la madriguera. -¡Caray Pizco, ¿es que nunca te enteras de nada?! -Pizco se levantó con una sonrisita bajo los bigotes y, olvidado su preciada pipa tras de sí, con una mirada distante, se acercó hasta la boca de la guarida arrastrando su colita.

        -Chicos... yo sé lo importante -señaló al sol, giró la cabeza y nos sonrió como si algo obvio tuviera que despertar en nuestras mentes ratoniles... pero obviamente no lo hizo y su mirada pareció apagarse. -¡El sol chicos! ¡El sol! Ha llegado un nuevo día, volvemos a ver y a tener calorcito, así que sugiero que salgamos a disfrutarlo y a conseguir algo que llevarnos a la boca. -Peludo terminó de limpiarse la cara con unas gotas de rocío para cuando saltó con un enérgico:

        -¡Secundo la moción caballeros! -Y, en este caso, justo en lo que canta un gallo, salimos de nuestra madriguera para descubrir las maravillas que nos deparaba el nuevo día...


     Alfredo Gil Pérez 06/01/12

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