miércoles, 4 de enero de 2012

Camino (publicado en revistabohemia7 02/12/2009)

      http://www.youtube.com/watch?v=iAOw3wLOFEI 
                         (Leer escuchando la canción)


     Luz... Comenzó con una luz intensa... Todo parece suceder a cámara lenta a mi alrededor mientras mi perro corre a un metro de mí guiándome por el sendero del bosque, ahora cubierto de la nieve que con los primeros días de sol, poco a poco se ha estado fundiendo.

     Cuanto me rodea parece más alto que la última vez que recorrí este mismo camino, hará ya algunos años. Pero sorprendido, continúo admirando el mundo desde mi nuevo punto de vista mientras corro tras Steven en dirección a la casa del abuelo.
El paisaje parece acompañarme en mi frenética carrera al compás que el aire gélido se cuela en mis pulmones. La nieve se derrite a una velocidad frenética, regando las plantas a su paso como líquido y haciéndolas reverdecer y cargarse de flora.

     Continúo sin detenerme demasiado a observar las maravillas que me rodean, siempre tras Steven, siempre recto, pronto llegaré a la casa de mi abuelo y podré resguardarme del frío. ¿Como estará? ¿Que habrá tras el umbral de la puerta? ¿Tendrá visita?.

     El frío pasa, luce el sol y yo sigo avanzando, ahora se extiende a ambos lados los cultivos de trigo dorado al sol que lindan con el bosque y a los que circunda mi camino en dirección al lugar al que fervientemente quiero llegar, ya he dejado incluso de fijarme en Steven que fiel continúa con su recorrido...


     Paso a paso me descubro, veo mis manos y me conozco, ya casi se que es lo que quiero, quisiera pasear y disfrutar del camino antes de llegar a su final... Pero, ¿ya es verano?
En mi frenesí tropiezo contra un muro invisible y al rebotar caigo sobre un charco de barro que me mancha de suciedad. Al alzar la vista veo ese impenetrable muro ante mí y golpeo el charco terminando de embarrarme. Observo mi reflejo en la sucia superficie a medida que sus aguas se tranquilizan... Surcos como los cultivos a ambos lados del camino recorren mis facciones y vuelve a soplar el gélido invierno...

     Mi camino acaba aquí y ni siquiera he sentido mis pasos... Steven sigue corriendo y yo me sumo en un sopor sólo interrumpido por el zarandeo de la guagua que me lleva de camino a las clases... Que alegría que aún quede sendero aunque no sepa a donde va... valdrá la pena descubrirlo, así me parece más emocionante.



Alfredo Gil Pérez 02/12/2009

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