martes, 31 de enero de 2012

Bruja






     -¡Bruja! -La llamaban mientras escupían el sendero por el que sus pies descalzos y taciturnos se sustituirían paso a paso en la tarea de soportar su peso, alivianado por el hambre y el terror. -¡Bruja! - Le repetían, acompañando sus sentencias verbales de toda clase de verduras ennegrecidas por el paso del tiempo.
Mantenía altanera la mirada del público que se arremolinaba en la plaza y éstos tapaban sus ojos temerosos de que un mal de ojo o cualquier infortunio maléfico pesara sobre sus hombros. <<Idiotas>> se consolaba mientras reconocía los rostros de muchos de sus clientes, acompañados de los pequeños a los que había ayudado a venir al mundo. La cara de muchos era una extraña mezcla entre satisfacción y una pena y resignación mal disimuladas.
<<Supongo que se veía venir>> se comentaba a sí misma, tratando de mantener su mente ocupada para olvidar la áspera soga que sujetaba con firmeza sus manos. Se había mantenido demasiado al margen de esa sociedad viciada que ahora la condenaba.

     Un pequeño se cruzó en su camino con un pañuelo de colores apagados y deshilachado. Su mirada inocente la hizo sonreír y el verdugo que tiraba de ella se deshizo del niño con un empujón. <<Ya no hay vuelta atrás, pero estoy orgullosa de no haber llegado más adelante, si eso significaba anularme>> En ese momento miró hacia el cielo y la luna llena se quitó el velo de nubes que tapaba su rostro para tranquilizarla. En eso la habían enseñado a creer y en eso creía, sin embargo era capaz de entender la posibilidad de que existieran otras creencias, incluso entendía la libertad para no creer en nada, ¿por qué ellos no eran capaces de respetarla?
<<Es igual>> seguiría el camino que muchas antes que ella en aquellos oscuros años.



     “Las llamas purificarán tus pecados...” las palabras del inquisidor, cuya túnica negra ondeaba al viento sobre una tarima, se escuchaban lejanas para ella. Ya erguida sobre la pira y atada a la pilastra recorrió con su mirada los alrededores. Allí estaban su río, su bosque, su pueblo, su gente... cerró los ojos y una lágrima recorrió su mejilla. Las imágenes de su niñez se sucedieron y su corazón hizo cabriolas en su pecho enloquecido por la ira que aquella injusticia le despertaba.
Sus labios dibujaron una arqueada sonrisa y al abrir los ojos comprendió como el terror, las ansias de poder, el desconocimiento, los prejuicios y la arrogancia pueden desembocar en actos tan violentos. Se sintió aliviada, por un momento, de no estar lejos de la pila de madera. Se sintió plena por saber, se sintió orgullosa de ser consciente de los acontecimientos y no limitarse a la resignación y a la auto compasión.
Ya no tenía familia, la hambruna se los había llevado, pero estaba segura de que lejos de llorarla estarían, en su interior, orgullosos de ella.

     El calor de las llamas llegó como una caricia y se quedó como un amante violento, abrasando sus pies en primer lugar, para luego ascender en una oleada de dolor. Miró a su amada luna y, lo que debió ser un grito de agonía, comenzó con una risa plena de satisfacción por haber vivido como creía necesario, justo, y haber llegado a conocerse y quererse tanto que su vida le fuera en ello. Y así, en el tierno abrazo de las llamas, dejó atrás un mundo de gente aterrorizada para sumirse en el dulce letargo de la inconsciencia y la plenitud del silencio de la nada.

Alfredo Gil Pérez 31/01/2012


3 comentarios:

  1. ¡Mi primer :3!! Es todo un logro jajajajaja :D Muchas gracias Ire

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  2. Me gusta, están usando las caritas jejeje :P

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