sábado, 7 de enero de 2012

Amor y tiempo



Para cuando todos los relojes se pararon
y sus esferas se derretían fundidas por los deseos
las gotas que rozaban ya mis labios
se entregaron a la soledad de tus besos
nuestras mentes que soñaban con los cambios
se encerraron en la quietud del momento
y quisieron, por un instante que fuera eterno.

Eterno el beso, eterna la sensación de aquel amor
y no arriesgarnos, otra vez, a intercambiar adioses por te quieros, encerrados en los frascos de la memoria y recordados en las noches de luna amiga
cuando el corazón palpita furioso en nuestro pecho y nos ahoga la consciencia con un alud de incongruencias que sólo nos recuerdan lo frágil que es la humanidad y lo intenso que resulta amar.
Amarraría mi esencia a tu cuerpo, me encadenaría voluntario para luego tirar la llave, pero en el fondo sé lo difícil que resulta, en este mundo donde el tiempo y la soledad son la moneda con la que pagamos nuestras deudas, superar al primero, salvar los obstáculos y no caer en la tentación de invertir en adioses todo lo que un día fueron verdes y robustos te quieros, con lo que la segunda sería de todos, el desdichado compañero.


Alfredo Gil Pérez 07/01/12

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