viernes, 13 de enero de 2012

Acercándonos a hombre








     Es temprano y las olas rompen en la costa de arena dorada mientras el sol se despereza para iluminar un nuevo día en éste nuestro hogar. Los arroyos siguen inquietos sus cauces para, en ocasiones, formar ríos, desaparecer bajo la tierra o simplemente unirse al gigante océano, a sus hermanos los mares o a los lagos.
Las hojas de todas las plantas comienzan a notar el efecto de la luz sobre su clorofila y los primeros animales diurnos recorren sosegadamente aire, tierra y agua. Los nocturnos les han cedido el turno y se retiran a sus madrigueras para descansar.
Todos convivimos envueltos por un silencio sordo, pero cargado de palabras, en el que compartir la nada y el todo. Todos menos hombre que esta mañana como todas las anteriores se ha encerrado en su burbuja para protegerse de cuanto le rodea.

     Hombre es un ser curioso donde los haya, mientras el resto de animales nos relacionamos y aceptamos el ciclo vital que nos corresponde, equilibrando nuestras poblaciones con mayor o menor acuerdo, hombre parece no poder evitar sentirse superior. Nos mira y le embarga el desprecio, incluso la pena de ver a unos seres, a sus ojos, tan simples como nosotros.
Hombre siempre tuvo problemas, nació mudo. Todos en la naturaleza somos capaces de entendernos, incluso entre especies, una mirada de aprobación o el comportamiento son medios sobradamente útiles; pero a hombre nunca se le ha escuchado mediar palabra, aunque entre ellos hacen ruidos, señalan y planean cómo cazar... cuando nos acercamos sólo obtenemos un denso silencio, alguna mirada sorprendida por nuestra presencia y, de vez en cuando, la comprensible lanza que les abre el festín rutinario.

     Sin embargo, a pesar de sus limitaciones, a pesar de su carácter asocial y hermético, nos hemos decidido a ayudarle y de ahora en adelante todos los seres vivos nos comprometemos a integrar a este marginado colectivo de nuestra comunidad, pues en la variedad está la riqueza y no podemos quedarnos de brazos cruzados mientras estos pobres seres se aíslan cada vez más, arriesgándonos a su exclusión de la naturaleza y toda la retahíla de posibles consecuencias.


     
     Alfredo Gil Pérez 13/01/12




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